Huertos familiares y amor a la tierra

01.04.2019
Dos historias que reflejan la realidad de las familias campesinas en Honduras

Dos historias que reflejan la realidad de las familias campesinas en Honduras. La de Armenja y la de Gregorio quienes han enfrentado malas cosechas, sequías, plagas y muchas horas a la intemperie; pero la dedicación y el apego a la tierra donde nacieron es una constante, un llamado de amor. Tras formar parte de ACS-Prosasur, estas familias han aprendido a diversificar sus cultivos para asegurar su alimentación.

Doña Armenja Gómez

"El cambio climático nos obliga a afrontar nuevos retos"

Armenja Gómez tiene 83 años y sigue haciendo lo que más ama, cultivar la tierra como lo hizo desde que tiene memoria. La agricultura es su forma de vida, al igual que para casi la mayoría de las personas que viven en su comunidad, Mezcales, municipio de Apacilagua, ubicado en Choluteca al sur de Honduras; una zona que lleva años enfrentando sequías y limitado acceso a sistemas de riego para la población campesina. 

Plantando semillas

“Yo soy el sostén de mi hogar. Soy la que siembro el maíz y los frijoles”, asegura Armenja.

“No hay hombres en la casa, vivo con mi hija y dos nietas”. Su vida siempre estuvo ligada al campo, y el incansable tránsito por esas tierras le enseñó los secretos de la siembra: preparar el suelo, seleccionar con sus propias manos las semillas, quitar las malas hierbas y esperar meses para ver nacer los brotes. 

Pero las condiciones climáticas de los últimos años no han sido benevolentes con las cosechas. Antes, los campesinos dedicaban gran parte de su parcela a producir, maíz y frijol, base de la alimentación de la población hondureña. Sin embrago ahora ante la crisis de sequía, las personas se ven ante la necesidad de introducir otras hortalizas a su dieta diaria para asegurar su alimentación; algo que implica nuevos aprendizajes sobre los cultivos y sobre cómo cocinar los alimentos. 

Armenja poco a poco comprendió la importancia de la diversificación y entró a formar parte del grupo de 6 000 familias a las que apoya el proyecto de Seguridad Alimentaria (ACS-PROSASUR) en el Corredor Seco de Honduras. Ella tiene un huerto familiar para consumo propio. Cultiva zanahoria, remolacha, marañón, yuca, papaya, pepino, camote y culantrillo. Sembró hace algunos meses y, aunque todavía no ha cosechado, tiene fe en que la siembra “va a dar” para alimentar a toda la familia.

Huerto de doña Armenja

Mariana Aguilera es la técnica de campo que la visita regularmente. “La asistencia técnica es buena”, asegura Armenja. “El apoyo llegó en forma de semillas, abono, una bomba, elementos de protección como capote y guantes para trabajar la tierra, y hasta un par de anteojos”. Pero ella es quien pone el trabajo, la dedicación y el amor a su tierra todos los días.

¿Qué hace para que su huerto esté tan bonito? “La inteligencia”, asegura con una sonrisa. “Lo riego, lo limpio, le echo abono”.

El campo llama desde temprano y ella es quien madruga. Espera que su cosecha sea fructífera y todos puedan comer de sus hortalizas, hasta la coneja “Nube”, su mascota.

El conejo “Nube”, la mascota de Armenia

Los agricultores de Los Encuentros

Los Encuentros está ubicada a la margen del Río Grande. Sirve de línea divisoria con la comunidad de Tres Ceibas, el mismo que atraviesa el centro del municipio de Liure. A pesar de tener tan cerca el río, esta es una comunidad que enfrenta graves problemas de sequía. Los pobladores se dedican en su mayoría a la agricultura de subsistencia. 

Este año la cosecha de Gregorio Rubio y Melva Carranza fue buena. Con la venta obtuvieron 10 000 Lempiras (unos 408 dólares), que para una familia tipo suple muchas de las necesidades básicas del hogar. Tienen cinco hijos y cultivan la parcela de un familiar a cambio de entregar los excedentes de lo producido como pago. 

Esta familia también forma parte de ACS-PROSASUR. La técnica que los visita es Noely Álvares quien llegó al hogar de Gregorio en agosto del 2018. “Es una de las familias con mayor recepción de indicaciones. Utilizan todos los lineamientos y tecnologías que les compartimos”, enfatiza Noely. “De hecho, han puesto en práctica por su cuenta todo lo que le hemos enseñado y adoptado al 100 por cien las tecnologías que estamos implementando”. 

Trabajando en la parcela demostrativa

El río Grande está bajo el nivel de la parcela de Gregorio por lo que deben bombear el agua y llenar una cisterna; a veces, hasta regar a mano. Pero esto no ha sido un impedimento para cultivan maíz, sorgo, ajonjolí, rábano. La familia ya ha finalizado el ciclo de postrera y comenzado con la siembra de habichuela, pepino y zapallo para aprovechar el agua que les queda y están probando una nueva variedad de maíz conocida como planta baja para tener mayor rendimiento en las cosechas futuras. 

Técnica Noely y miembros de la familia en la parcela

Lo inédito fue que este año lograron cosechar maicillo, algo que desde hacía casi cuatro años no se lograba en este municipio debido a la plaga del pulgón amarillo. El éxito de la cosecha se debe al monitoreo y control que realizan Gregorio y sus hijos constantemente. “Es fundamental trabajar con hogares como el de Gregorio para trasmitir conocimientos del manejo de cultivos, control de plagas, diversificación para el consumo y generación de ingresos con los excedentes”, apunta Noely Álvares.

En el campo no hay recetas mágicas, sólo dedicación y aprendizaje, además de escuchar el susurro de la naturaleza y agradecer cuando llega la lluvia. 

El proyecto forma parte de la Alianza para el Corredor Seco (ACS), el programa insignia del gobierno para apoyar intervenciones que favorecen a la población vulnerable en varios municipios contiguos, que ocupan una gran franja de tierra seca que abarca desde Costa Rica hasta Guatemala. El objetivo del proyecto es reducir de manera sostenible la pobreza y el hambre en el Corredor Seco de Honduras.

Honduras
Agricultura sostenible
Proyecto de Seguridad Alimentariaen el Corredor Seco de Honduras, ACS-Prosasur
El Corredor Seco de Honduras es una de las zonas más pobres y económicamente deprimidas. Un 65% de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, y un 48% viven en pobreza extrema. Padecen altas tasas de malnutrición y carecen de acceso a oportunidades de desarrollo socioeconómico y a servicios sostenibles y adecuados de salud pública y...