Hace una década, la formación profesional en Albania era mayoritariamente escolar. La formación práctica era limitada, la cooperación con las empresas débil y la confianza entre los centros educativos y los empleadores escasa. Los estudiantes adquirían conocimientos teóricos, pero muchos no estaban preparados para las condiciones reales del mercado laboral.
El proyecto S4J abordó esta brecha desde un enfoque gradual y práctico. En lugar de desarrollar reformas radicales, se centró en aquello que funcionaba en la práctica. Las escuelas y las empresas comenzaron a colaborar en pequeñas iniciativas piloto, experimentando con el aprendizaje en el lugar de trabajo y adaptando la formación a las necesidades reales del mercado laboral.
Con el tiempo, estos proyectos piloto mostraron resultados, demostrando que la cooperación podía beneficiar a todas las partes involucradas. Los estudios de seguimiento indican que, durante el primer año posterior a su graduación, el 71 % de los egresados de los centros de formación asociados del S4J en 2024 encontró un empleo o comenzó a trabajar de manera independiente, y que el 55 % de ellos tiene un puesto acorde a su formación.
Un cambio clave fue la creciente participación del sector privado. Las empresas pasaron de ser meros observadores a convertirse en socios activos. Abrieron sus puertas a los estudiantes, ofrecieron puestos de formación, compartieron su equipamiento y aportaron mentores que pudieran transmitir conocimientos prácticos.
Este cambio no se produjo de la noche a la mañana. Muchas empresas se mostraron escépticas al inicio y las escuelas no tenían experiencia en la creación de alianzas. Poco a poco, la confianza mutua fue creciendo. A medida que la cooperación se ampliaba, las escuelas de formación profesional fueron asumiendo cada vez más un rol coordinador, reuniendo a empresas, docentes y estudiantes en torno a objetivos comunes. Lo que comenzó como alianzas aisladas se convirtió gradualmente en un movimiento que conformaba todo un sistema.
Uno de los hitos más importantes fue la introducción, en 2024, del modelo de formación profesional dual (Dual VET). El modelo combina la enseñanza a los estudiantes en el aula con una formación remunerada en empresas, permitiendo que adquieran experiencia laboral real mientras continúan su formación.
El sistema de formación dual se basa en años de cooperación desde la práctica, que ya habían demostrado el valor del aprendizaje en el lugar de trabajo. Primero se consolidó la experiencia en la práctica, y posteriormente se desarrolló un marco normativo.
En su primer año, el modelo generó un gran interés tanto entre los estudiantes como entre los empleadores y actualmente se está expandiendo a otras regiones y sectores. Para muchos jóvenes, el modelo ofrece una ruta más clara y motivadora para transitar de la formación al empleo.
Para garantizar un impacto a largo plazo, las escuelas de formación profesional necesitan reforzar sus capacidades internas. Por ello, se crearon Unidades de Desarrollo dentro de los centros educativos encargadas de gestionar alianzas, adaptar los programas de formación y responder a las cambiantes necesidades del mercado laboral.
Estas unidades apoyan el desarrollo del profesorado, la actualización de los currículos, la orientación profesional y el seguimiento de los egresados. Como resultado, las escuelas están dejando de ser instituciones pasivas y se están convirtiendo en actores clave de los ecosistemas locales de competencias, diseñando ofertas formativas en colaboración con las empresas y acompañando a los estudiantes aún después de su graduación.
Fue introducida formalmente en todo el país en 2024 como modelo de reforma nacional
A medida que la cooperación se consolidó, el S4J trabajó estrechamente con las instituciones nacionales para asegurar que los enfoques que habían probado su eficacia se reflejaran en las políticas y normativas. Lo que funcionaba en la práctica se fue integrando de manera progresiva a la reforma general del sistema de educación y formación profesional de Albania.
La armonización entre la práctica y el marco normativo fortaleció la responsabilidad compartida y la capacidad institucional. Hoy en día, los centros educativos, las empresas y las instituciones públicas colaboran cada vez más para abordar las carencias en cuanto a competencias y preparar una fuerza laboral capaz de adaptarse a los cambios económicos futuros.
La transformación aún está en marcha, pero los resultados ya son visibles. La formación profesional está ganando credibilidad, los jóvenes tienen acceso a mejores oportunidades laborales y los empleadores confían más en las competencias de los egresados. Al vincular la educación con la experiencia laboral real, Albania está construyendo una fuerza laboral más resiliente y preparada para el futuro.