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En la vereda Alcalabano del municipio de Guapotá, Santander, la finca de Bertha Sandoval no solo huele a café recién molido. También se escucha el cacareo de gallinas ponedoras, el gruñido de cerdos bien alimentados y el crujir de las hojas secas de los cacaotales. Allí, entre montañas verdes y largas jornadas de trabajo, Bertha ha tejido un modelo de vida basado en la diversificación productiva: una estrategia que le ha permitido sostener su hogar, independizarse económicamente y mirar el futuro con seguridad.
Bertha, de 48 años, es una de las 25 mujeres que participan en el proyecto Caficultoras construyendo prosperidad, una iniciativa implementada por Swisscontact y ECOM y financiado con recursos de una reconocida empresa estadounidense de café y el Programa Colombia más Competitiva de la Embajada de Suiza – SECO. Además, ECOM aporta recursos adicionales para la asistencia técnica, insumos y la administración del proyecto, fortaleciendo así su impacto en el territorio.
El objetivo del proyecto es mejorar el bienestar emocional y el nivel de empoderamiento personal y económico, mediante la formación en herramientas administrativas y financieras que les permitan ampliar sus oportunidades de ingreso. Pero en el caso de Bertha, el impacto va más allá del café.
La historia de Bertha es también la de muchas mujeres en Colombia: separadas, viudas o con esposos ausentes, que han tenido que asumir el liderazgo de sus fincas de forma repentina y sin preparación previa.
En ese contexto, el proyecto identificó la necesidad de no solo brindar apoyo emocional, sino también herramientas para mejorar la productividad, la gestión y la generación de ingresos complementarios.
Esa lógica es la que da sustento al componente de diversificación del proyecto. Según Angélica Luna, Especialista en Servicios de Emprendimiento en Swisscontact, el diagnóstico inicial mostró que las mujeres beneficiarias tenían ingresos mensuales promedio de apenas $1.038.000 COP (267 USD aproximadamente), muy por debajo del ingreso digno estimado para una caficultora en 2024, que debería rondar los $2.295.000 COP (590 USD aproximadamente), según Uncar Research y Fairtrade. Esta brecha de más de $1.200.000 COP (309 USD aproximadamente) motivó la creación de unidades productivas complementarias al café, ajustadas a los intereses, conocimientos y capacidades de cada mujer.
Cada una de las 25 caficultoras diseñó, con acompañamiento técnico, un plan de inversión para desarrollar al menos una nueva línea productiva en su finca. En el caso de Bertha, su apuesta fue la porcicultura. Con el capital semilla que se entregó en el mes de agosto en el marco del proyecto, un total de $3.000.000 COP (772 USD aproximadamente) gestionados por Swisscontact y sus aliados, podrá financiar alimentación, vitaminas y manejo sanitario para seis cerdos, mientras que ella aportará los animales. En cuatro meses, espera obtener una ganancia neta entre $600.000 COP (154 USD aproximadamente) y $700.000 COP (180 USD aproximadamente), que reinvertirá para continuar creciendo.
Además del apoyo económico, el proyecto brinda acompañamiento técnico y formativo. Angélica visita las fincas cada dos meses, implementa una cartilla para el manejo empresarial de las unidades productivas, y guía a las mujeres en procesos como control de inventarios, cálculo de rentabilidad y proyecciones. También se han articulado alianzas con Fundación Capital y Fundación Bancolombia para fortalecer la educación financiera con cursos sobre ahorro, manejo de gastos y registro de ingresos semanales.
“La idea es tener al menos diez cerdos bien cuidados y venderlos a buen precio. Todo legal, todo limpio. Así es como uno puede crecer”, dice Bertha con orgullo.
Durante los últimos meses, las caficultoras han continuado fortaleciendo sus capacidades de gestión y sostenibilidad económica. A través del curso de educación financiera “Cuentas sin Cuento”, realizado en alianza con Fundación Libertad, Fundación Bancolombia y la Universidad EAFIT, aprendieron a registrar sus ingresos y gastos, planificar inversiones y proyectar la viabilidad de sus unidades productivas.
En paralelo, otras mujeres optaron por líneas como gallinas ponedoras, pollos de engorde, piscicultura, viveros, elaboración de jabones o yogur artesanal, e incluso tiendas rurales. Cada línea se construyó con una contrapartida de las beneficiarias: infraestructura, insumos o mano de obra y con un enfoque de sostenibilidad y autonomía.
Las unidades de gallinas, por ejemplo, reciben 50 aves de 16 semanas, comederos, kits sanitarios, alimento y cercado del galpón. El ciclo productivo es de 15 meses, con ingresos estimados entre $160.000 COP y $170.000 COP (43 USD aproximadamente) mensuales, que pueden aumentar si se produce alimento casero.
“Una finca diversificada no solo asegura ingresos más estables, sino que empodera a las mujeres para tomar decisiones con autonomía”, explica Amalia Muñoz, directora de Sostenibilidad de ECOM Colombia.
“El empoderamiento económico no puede avanzar si no hay primero bienestar emocional. Pero cuando las mujeres sanan, toman decisiones que transforman sus vidas y sus fincas”, afirma Sandra, psicóloga del proyecto, quien lidera procesos de sanación emocional que son condición para acceder al capital semilla. Asistir a los talleres, participar en encuentros y cumplir tareas técnicas son parte del compromiso que asumen las beneficiarias.
Hoy, Bertha no solo lidera su finca, sino que también inspira a otras mujeres de su comunidad. Es una evidencia viviente de que la diversificación no es una carga adicional, sino una oportunidad estratégica. Con cada huevo vendido, con cada lechón criado, reafirma su derecho a una vida digna y a una economía rural más justa.
“He aprendido que no todo hay que cargarlo sola. Que está bien pedir ayuda, hablar, sanar… pero también que se puede salir adelante con organización y muchas ganas”, afirma.
El proyecto Caficultoras construyendo prosperidad continúa su trabajo en Santander y Boyacá, promoviendo modelos agrícolas donde la mujer es protagonista y la diversificación es sinónimo de resiliencia.
La historia de Bertha Sandoval es una invitación a repensar el desarrollo rural. En un país donde la caficultura enfrenta desafíos estructurales, apostar por la diversificación de ingresos, la inclusión de las mujeres y el acompañamiento integral no es solo una buena práctica: es una necesidad.
Porque como Bertha lo resume, mientras acomoda sus cuentas del mes: