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En Petén, comunidades, guardarecursos, brigadas forestales e instituciones técnicas han asumido la prevención de incendios como una responsabilidad compartida. A través del proyecto Paisajes Mayas Sostenibles, implementado por Swisscontact en alianza con ACOFOP y ProPetén, y con el apoyo de la Embajada de Suecia, estas acciones se fortalecen mediante el desarrollo de capacidades locales y la articulación entre actores clave.
Este enfoque marca un cambio importante: pasar de reaccionar ante la emergencia a anticiparse a ella. La prevención se convierte en un proceso continuo que incluye planificación, monitoreo, apertura de brechas cortafuego, uso de sistemas de alerta temprana y coordinación entre comunidades e instituciones. También abre espacio a una participación más inclusiva, donde mujeres y hombres contribuyen activamente en la protección del bosque.
Para quienes viven y trabajan en el territorio, este aprendizaje tiene un impacto directo. Así lo explica Raquel Soza, bombera forestal vinculada al Biotopo Cerro Cahuí:
Durante 2024, estos esfuerzos se tradujeron en acciones concretas. Con el acompañamiento de ProPetén, se reactivaron 21 Comisiones Comunitarias de Prevención y Control de Incendios Forestales y se fortalecieron cuatro redes territoriales. Al mismo tiempo, el Sistema de Alerta Temprana contra Incendios Forestales (SATIF) amplió su alcance, reforzando la vigilancia y la capacidad de respuesta en más de 200,000 hectáreas de bosque.
La prevención en la Reserva no depende de una sola organización. Requiere coordinación entre comunidades, municipalidades, CONAP, CONRED, organizaciones forestales y administradores de áreas protegidas. Esta red de actores —conocida como el Bloque de Áreas Protegidas— se fortalece a través del intercambio de conocimientos, la planificación conjunta y el compromiso de actuar de forma coordinada.
Para quienes lideran estos procesos técnicos, la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. Como lo resume Josué Lemus, técnico del Parque Nacional Mirador-Río Azul:
Más allá de los resultados técnicos, este proceso demuestra que el conocimiento cobra valor cuando se pone en práctica. Una capacitación puede convertirse en una alerta a tiempo, una brecha limpia o una decisión clave que evita que el fuego se propague. En 2024, se realizaron 30 reuniones de planificación con redes comunitarias y se entregaron insumos para apoyar tanto la prevención como la respuesta ante emergencias, fortaleciendo la acción sostenida en el territorio.
La mirada hacia el futuro también se centra en ampliar la participación. Involucrar a mujeres, jóvenes y nuevos liderazgos es clave para asegurar la sostenibilidad de estos esfuerzos. Así lo expresa Cristel Pineda, técnica del Parque Nacional Tikal:
Hoy, cada persona capacitada representa una nueva capacidad instalada. Cada comisión activa fortalece la respuesta del territorio. Y cada comunidad organizada demuestra que proteger el bosque no es solo apagar incendios, sino evitarlos.
En la Reserva de la Biosfera Maya, la conservación comienza antes del fuego. Comienza con las personas.