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Cada mañana, antes de que el tráfico aumente y el sol se intensifique sobre Santa Cruz, Bolivia, Yobana Charupa sale a las calles con una misión clara: recolectar materiales reciclables y evitar que terminen en el relleno sanitario. Es madre, vecina y recolectora de la asociación Por un Mundo Mejor, trabajando en el Punto Rojo como parte del programa municipal Santa Cruz Recicla.
Para Yobana, este trabajo es más que una fuente de ingresos. Es una responsabilidad que asume con orgullo. Su labor no solo sostiene a su familia, sino que también aporta directamente al bienestar de su comunidad.
Mientras recorre los barrios junto a sus compañeras, ocurre algo significativo. La gente la reconoce. La saluda por su nombre. Muchas personas han aprendido a separar sus residuos gracias a su constancia, su amabilidad y su capacidad de conectar con los vecinos.
Debido a su carisma y dedicación, cada vez más hogares preparan bolsas solo con materiales reciclables: botellas plásticas, cartón, papel y otros. Cada bolsa que recoge significa menos basura que va al relleno y más materiales que regresan a la cadena productiva.
Su presencia ha transformado silenciosamente el reciclaje en un hábito compartido.
Detrás del trabajo diario de Yobana existe un sistema más amplio que impulsa el reciclaje como parte de la vida urbana en Santa Cruz.
El programa municipal Santa Cruz Recicla, liderado por EMACRUZ y apoyado por la colaboración de la cooperación Ciudades Circulares implementado por Swisscontact, fortalece las cadenas locales de reciclaje y crea espacios de trabajo digno para mujeres recolectoras. Cabe destacar que las mujeres representan entre el 30% y el 50% de la fuerza laboral total de reciclaje en la región, dependiendo del país y el entorno.
Swisscontact contribuye a mejorar cómo se recuperan, clasifican y valorizan los materiales reciclables, para que recolectoras como Yobana tengan condiciones más seguras, estables y reconocidas. Al apoyar a los municipios y promover la participación vecinal, el programa ayuda a construir una economía circular más inclusiva.
Para mujeres como Yobana, esto significa:
El reciclaje comienza con acciones pequeñas: enjuagar una botella, aplanar una caja, separar los residuos. Pero mantener una ciudad limpia requiere el compromiso de muchas personas.
Yobana representa el vínculo entre los hogares y el medio ambiente. Sin ella, los materiales reciclables terminarían fácilmente mezclados con los residuos comunes y enterrados en el relleno. Con ella, la ciudad es más limpia, más verde y más consciente.
Su historia demuestra que el cambio real ocurre cuando las personas se involucran:
vecinos que separan su basura, recolectoras que cumplen una labor esencial, programas municipales que organizan el sistema y organizaciones como Swisscontact que ayudan a que estos avances sean sostenibles.
La historia de Yobana es también la historia de una Santa Cruz que avanza hacia un modelo verdaderamente circular: una ciudad donde los residuos dejan de verse como un problema para convertirse en un recurso con valor renovado. Su esfuerzo diario demuestra que la articulación entre municipalidad, comunidad, cooperación y sector privado es el motor que permite transformar la gestión de residuos en un pilar de bienestar colectivo.
Esta colaboración estratégica no solo mejora el entorno, sino que hace posible una sostenibilidad a largo plazo, garantizando que los cambios sean profundos y perdurables. Porque cuando las capacidades se suman, el desarrollo integral deja de ser un ideal y se convierte en una realidad tangible.
Con cada casa que visita y cada vecino que motiva, Yobana contribuye a construir una ciudad que cuida: de las personas, de la dignidad y del planeta que compartimos.
El proyecto Ciudades Circulares es implementado por Swissontact y financiado por el municipio de Zúrich.