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En comunidades rurales de Choluteca, especialmente en municipios como Pespire, San Marcos de Colón y La Libertad, las mujeres están dejando atrás los roles tradicionales y asumiendo decisiones clave en la agricultura. Ellas eligen qué sembrar, cómo proteger sus suelos, cuándo vender y en qué reinvertir. Estos no son papeles simbólicos. Son formas reales y concretas de liderazgo que están redefiniendo la vida rural en Honduras.
Este cambio no fue de la noche a la mañana, ni ocurrió por sí solo. Es resultado de un apoyo técnico intencionado a través del proyecto ComRural II, específicamente por medio de lo que se denomina la Ventana 1 en la Subregión Sur. Impulsado por la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), financiado por el Banco Mundial y con la asesoría técnica de Swisscontact, el proyecto ha contribuido a que el campo se vuelva más inclusivo y equitativo.
Este apoyo no es únicamente financiero. A través de talleres, asistencia técnica personalizada y herramientas de planificación, las mujeres han fortalecido sus conocimientos, accedido a nuevas tecnologías y desarrollado la confianza para asumir roles decisivos en sus organizaciones..
Para que esto sea posible y sostenible, no basta con la voluntad de las mujeres: también se necesita una estructura que respalde su participación. Por eso, cada grupo productor cuenta con un Plan de Gestión e Inclusión Social, diseñado para asegurar que mujeres, jóvenes e indígenas tomen parte activa en cada etapa. Esto permite implementar acciones afirmativas concretas, que no solo las inviten a participar, sino que les abran espacio para liderar. Así, se fortalece la sostenibilidad de los negocios rurales y se impulsa el desarrollo económico con equidad.
Aunque el proyecto estableció como meta que al menos un 25% de las participantes fueran mujeres, las mujeres del sur de Honduras superaron con creces esa cifra. Hoy, el 42% de quienes participan activamente en los planes de negocio lo son; una señal de que hay una demanda real por el cambio.
Estas mujeres no solo están presentes: están comprometidas, empoderadas y son fundamentales para el éxito del proyecto.
El apoyo de Swisscontact se ha centrado en generar capacidades. No solo ofrecer capacitaciones, sino también fomentar la autonomía, la confianza y la resiliencia entre las mujeres rurales.
Cindy Lorena Briceño tiene 21 años y vive en El Frijolillo, San Marcos de Colón. Como muchas mujeres de su comunidad, siempre ha trabajado duro. Pero ahora, gracias a la orientación técnica de Swisscontact a través de ComRural II, está trabajando con más conocimiento y liderando con el ejemplo.
Junto a su familia, Cindy cultiva maíz y frijol. Gracias al proyecto, aprendió a implementar la técnica de siembra en curvas de nivel, que sigue las formas naturales del terreno para evitar la erosión y conservar el suelo.
Sus palabras no solo transmiten optimismo. Reflejan un cambio generacional de conocimientos. Con lo aprendido, Cindy no solo mejora su producción: también protege la tierra para el futuro y anima a otras mujeres a dar el paso.
En La Libertad, otra voz femenina está impulsando el cambio. Mayesli Motiño, integrante clave del Grupo de Productores de La Libertad asume el rol de secretaria, pero su liderazgo va mucho más allá de tomar notas: participa en negociaciones de venta, toma decisiones sobre reinversión y establece vínculos con compradores.
“Con ComRural y el apoyo de los técnicos de Swisscontact en nuestros planes de negocio y los enlaces comerciales que nos están gestionando, nosotros llevaremos nuestra producción con aliados comerciales. Con eso podremos constituirnos como un grupo productor que lleva su cosecha hacia otras comunidades”, afirma Mayesli.
Lo que ComRural y Swisscontact ofrecen es estratégico, al enfocarse en fortalecer la autonomía de las mujeres, construir habilidades y crear vínculos sostenibles con el sector privado, el proyecto les permite a ellas posicionarse con fuerza y dignidad.
Con asesoría técnica, herramientas, insumos y formación, el programa apoya a más de 4,250 pequeños/as productores/as en Choluteca, El Paraíso y Francisco Morazán. Casi la mitad de los grupos productivos están integrados por mujeres.
Estas mujeres están transformando sus hogares, sus comunidades y el sector agrícola. No están esperando que las oportunidades lleguen: las están creando.
Aunque aún queda camino por recorrer, cada vez que una mujer como Cindy o Mayesli negocia una venta, propone una mejora técnica o motiva a otra mujer a unirse, está fortaleciendo su rol en la comunidad. Estas decisiones construyen algo más que ingresos: construyen dignidad, orgullo y cambio duradero.
La experiencia de Swisscontact en Honduras demuestra que, con el apoyo adecuado, las mujeres no son solo beneficiarias del desarrollo: son las protagonistas.