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En Belén de los Andaquíes, Caquetá, donde la selva guarda memorias de resistencia y transformación, Ferney Vaquero encontró en el copoazú mucho más que un fruto amazónico: halló una alternativa productiva, una causa familiar y una forma de sembrar paz en un territorio marcado por el conflicto.
Su historia comenzó en 2008, justo cuando se firmaba un acuerdo de erradicación concertada de cultivos ilícitos en la región. En medio de ese proceso, Ferney conoció el copoazú y decidió apostarle como cultivo principal.
Desde entonces, su finca se convirtió en un laboratorio de biodiversidad. Los sistemas agroforestales que implementa combinan árboles con cultivos agrícolas como yuca, plátano, piña y cacao. Esta integración no solo mejora la productividad, sino que atrae aves, mamíferos e insectos que antes no se veían con frecuencia. Con el tiempo, la familia Vaquero entendió que cultivar también era conservar.
En 2018, junto a su esposa Luz Denis Quebrada y otros productores, Ferney fundó la Asociación de Productores de Copoazú de Belén de los Andaquíes (ACBA). Lo que comenzó como un esfuerzo familiar se convirtió en una organización que hoy reúne a 32 productores, la mitad mujeres, y cultiva 55 hectáreas de copoazú. En el 2024 se cosecharon 8 mil kilos de copoazú y este año se esperan 12,8 a ser comercializados en pulpa principalmente a la empresa alimenticia Selva Nevada en Bogotá. Uno de los logros más significativos ha sido la obtención del registro sanitario INVIMA, que les permite transformar el fruto en su propia planta.
La experiencia organizativa ha sido profundamente enriquecedora. “Aprendimos a llevar el control de costos, a manipular los productos en planta y a trabajar con el acompañamiento técnico de ingenieros de alimentos”, señala Ferney.
Gracias al apoyo de proyectos de cooperación implementados por Swisscontact, como Frutos del Bosque, financiado por UK PACT (Partnering for Accelerated Climate Transitions) del Reino Unido, y Colombia más Competitiva, respaldado por la Cooperación Económica y Desarrollo (SECO) de la Embajada Suiza en Colombia, los productores han accedido a formación especializada, asistencia técnica y soluciones innovadoras como la instalación de paneles solares, mejorando significativamente la calidad de vida en sus comunidades.
Actualmente, la asociación recibe apoyo del proyecto Frutos del Bosque, este proyecto impulsa la bioeconomía y la agrosilvicultura sostenible en zonas críticas de deforestación como Caquetá, y ha sido determinante en la vida de la familia Vaquero. A través de sus componentes, Frutos del Bosque ha fortalecido la capacidad técnica de los productores, promovido prácticas agroecológicas, y fomentado una transición rural justa, competitiva y equitativa.
También han trabajado con la Universidad Nacional de Colombia en el desarrollo de protocolos y prototipos derivados del copoazú y el aprovechamiento integral de sus subproductos, buscando reducir pérdidas y generar nuevas oportunidades económicas.
La asistencia técnica ha sido constante: implementación de buenas prácticas agrícolas, manejo fitosanitario preventivo y capacitación en el reconocimiento de plagas. La meta es clara: lograr sistemas más sanos, productivos y sostenibles cada año.
La asociación ha puesto en marcha una política de Igualdad de Género, Discapacidad e Inclusión Social (GEDSI), acogida con entusiasmo por los productores. Este proceso ha fortalecido la formación de jóvenes y mujeres, promoviendo su liderazgo dentro de la organización.
Además, esta política abre puertas en el mercado, ya que cada vez más compradores valoran productos con certificaciones que garantizan participación diversa y prácticas sostenibles.
Heidi Janet Vaquero, hija de Ferney, estudia Ingeniería de Alimentos y sueña con aplicar sus conocimientos en la empresa familiar. “Muchos jóvenes se van a la ciudad pensando que aquí no hay oportunidades, pero queremos mostrar que sí es posible trabajar en el territorio y generar bienestar desde acá”, afirma.
Luz Denis, secretaria de la asociación y esposa de Ferney, destaca el rol de las mujeres en el campo: “No solo participamos en la planta, también en la cosecha y el procesamiento. Esto nos ha permitido generar ingresos y demostrar que tenemos las mismas capacidades para aportar al desarrollo de la comunidad”.
En el componente ambiental, ACBA ha avanzado en el monitoreo de biodiversidad con la instalación de cámaras trampa para estudiar la fauna asociada a los sistemas productivos. Este trabajo, coordinado por Swisscontact, busca demostrar que los sistemas agroforestales, donde conviven especies como copoazú, caucho, borojó y palmas amazónicas, mantienen una alta diversidad biológica, favoreciendo el control natural de plagas y reduciendo la dependencia de químicos.
ACBA también ha fortalecido su participación en espacios de gobernanza regional. Hoy forma parte activa de la cadena de frutos amazónicos y ha participado en reuniones departamentales que buscan consolidar una Mesa Departamental de Productos Amazónicos. Esta articulación les permite tener voz en la toma de decisiones y abrir caminos de colaboración con otras organizaciones del territorio.
Ferney sueña con que más jóvenes se apropien de este modelo productivo, que la asociación se consolide como referente regional y que el copoazú siga siendo símbolo de paz, sostenibilidad y transformación. “Estos proyectos nos ayudan a no depender de economías que financian la guerra, y en cambio nos muestran un camino más familiar, sostenible y amigable con el medio ambiente”, concluye.
Desde Swisscontact Colombia, celebramos historias como la de Ferney y ACBA, que demuestran cómo el conocimiento técnico, la organización comunitaria y el compromiso con el territorio pueden abrir nuevas oportunidades para las comunidades rurales de la Amazonía.
Te invitamos a ver la entrevista completa de la familia Vaquero: