- EnglishEnglish
- DeutschDeutsch
- FrançaisFrançais
- Noticias
Edy todavía no se acostumbra a decirlo en voz alta: hoy es maestro de computación. Hace apenas un par de años, su historia era otra: cruzó fronteras confiando su vida a un desconocido para llegar a Estados Unidos, trabajó en un restaurante, y terminó retornando a Guatemala de manera voluntaria tras un cambio de gobierno que endureció las políticas migratorias.
A cientos de kilómetros de distancia, en Baja California, Ángela aprendía un oficio que jamás imaginó como propio: instalación de tablayeso y sistemas prefabricados de construcción. Lo hizo bien, tan bien que se lo ofrecieron como trabajo estable. Pero la distancia de su familia pesaba más que la estabilidad económica.
Sus historias, separadas por rutas migratorias distintas, se cruzan en un mismo punto: ambos volvieron a Guatemala con habilidades ganadas fuera del país y con la misma pregunta que enfrentan miles de personas retornadas cada año — ¿cómo convertir esa experiencia en un empleo digno en casa?
El retorno migratorio en Guatemala rara vez se cuenta como una historia de oportunidad. Se habla del riesgo del viaje, de la separación familiar, de la vulnerabilidad en el camino. Pero se habla poco de lo que ocurre después: personas que regresan con certificaciones, oficios y disciplinas laborales adquiridas en contextos exigentes, y que al llegar no encuentran cómo traducir ese capital humano en un empleo formal.
Las barreras son conocidas: la falta de mecanismos para reconocer la experiencia adquirida en el extranjero, la persistencia de percepciones restrictivas hacia la migración, y la dificultad para reinsertarse en redes laborales locales. A esto se suma, con frecuencia, una etapa de búsqueda de empleo marcada por la incertidumbre económica y emocional, tal como la vivió Ángela tras su regreso en 2024.
Es justamente en ese punto de quiebre —el momento en que el retorno puede convertirse en oportunidad o en otro ciclo de vulnerabilidad— donde interviene el proyecto PERSPECTIVAS para las personas retornadas a través de la integración social y profesional.
PERSPECTIVAS, financiado por la Cooperación Alemana a través del Banco de Desarrollo Alemán (KfW) y ejecutado por la Secretaría de la Integración Social Centroamericana (SISCA) con el apoyo técnico de Swisscontact, trabaja en Guatemala, El Salvador y Honduras, con una meta concreta: brindar servicios de reintegración a más de 10,000 personas migrantes retornadas y acompañar a 2,000 jóvenes en riesgo de migración irregular, fortaleciendo el sistema de reintegración en 20 territorios de la región.
Pero detrás de esas cifras hay algo más difícil de medir: una ruta de atención que acompaña a la persona, no solo la registra. Esa ruta no ofrece un único camino: para quienes buscan insertarse en un empleo formal, como Edy y Ángela, el proyecto facilita formación técnica, certificación de competencias y coaching para la búsqueda de empleo; para quienes prefieren generar sus propios ingresos, PERSPECTIVAS impulsa también servicios de emprendimiento, incubación y aceleración de negocios.
Empleabilidad y emprendimiento, así, se convierten en dos puentes distintos hacia un mismo destino: la generación de ingresos económicos sostenibles dentro del país, sin necesidad de volver a migrar. Así lo vivieron tanto Edy como Ángela, ambos por la vía de la empleabilidad.
Cuando Edy dejó sus datos en el Centro de Atención al Retornado (CAR) del Instituto Guatemalteco de Migración, fue contactado por el equipo territorial del proyecto, que lo perfiló y lo derivó a Cáritas para su primera etapa de atención. De ahí pasó a Fundap, donde tomó un curso de cocina; después recibió formación en finanzas personales; y finalmente accedió al coaching para el empleo de Fundasistemas, que lo acompañó en la preparación de su papelería hasta conseguir, este año, su puesto como maestro de TIC's. Hoy tiene cuatro meses de estar laborando.
"PERSPECTIVAS me dio la oportunidad de capacitarme en habilidades para el trabajo, mi bienestar emocional, formación técnica, finanzas y empleabilidad; este último me sirvió para tener ingresos en menos de tres meses", explica Edy.
Ángela recorrió un camino distinto, pero igual de estructurado: tras su etapa de búsqueda de empleo, fue contactada por el equipo del proyecto, recibió capacitación a través de Cáritas y, posteriormente, todas las herramientas para la búsqueda de empleo de la mano de Fundasistemas. En noviembre de 2025 logró su objetivo: un puesto como agente de seguridad privada profesional. Hoy acumula siete meses de estabilidad laboral.
"Al regresar me contactaron, me enseñaron de nuevo lo principal para la búsqueda de empleo, me ofrecieron apoyo emocional y capacitaciones; luego de unos meses encontré un empleo como agente de seguridad privada, eso era justo para tener ingresos económicos al regresar a mi país. Hoy estoy feliz después de siete meses de un empleo estable", relata Ángela.
Las trayectorias de Edy y Ángela no son excepciones aisladas: reflejan un patrón que distintos estudios sobre movilidad humana han documentado. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señala que las personas retornadas suelen adquirir competencias técnicas, capacidad de adaptación, resolución de problemas y experiencia en entornos de alta exigencia laboral —habilidades que hoy son altamente valoradas en mercados competitivos, pero que muchas veces pasan desapercibidas para empleadores y para las propias personas que las poseen.
Ángela no sabía que tenía habilidad para el tablayeso hasta que la vida se la exigió en un país ajeno. Edy adquirió, sin buscarlo, una certificación en manipulación de alimentos. Ninguno de los dos llegó a Guatemala con un plan claro de cómo aprovechar esas capacidades; fue la ruta de atención integral —psicosocial, técnica, financiera y de intermediación laboral— la que permitió traducir esa experiencia en papelería, entrevistas y, finalmente, contratos de trabajo.
Ese es, precisamente, el corazón de la teoría de cambio del proyecto: cuando los servicios de reintegración social y económica se articulan entre sí —y no se ofrecen de forma aislada o fragmentada— las personas retornadas logran una reintegración sostenible, no solo un acompañamiento temporal.
Para Edy y Ángela, el empleo actual no es el punto final de su historia, sino la base desde la que ya planean su siguiente paso. Edy tiene claro hacia dónde quiere ir: continuar sus estudios y convertirse en Ingeniero en Sistemas, un camino que su trabajo actual como maestro de TIC's le permite sostener económicamente mientras se prepara para dar ese salto. Ángela, por su parte, proyecta iniciar una carrera universitaria en Administración, con la intención de fortalecer su perfil profesional más allá de la estabilidad que hoy le da su empleo como agente de seguridad privada.
Ese es, quizás, el efecto menos visible —pero más duradero— de una reintegración bien acompañada: no se trata solo de conseguir un empleo, sino de recuperar la confianza para trazar un proyecto de vida a mediano plazo. El empleo se convierte en plataforma, no en destino final.
Tres meses de trabajo para Edy. Siete meses de estabilidad para Ángela. Son cifras modestas frente a la meta de personas que PERSPECTIVAS busca atender en Guatemala, El Salvador y Honduras, pero representan exactamente lo que el proyecto intenta demostrar: que la reintegración laboral de las personas migrantes retornadas es posible cuando existe una ruta articulada entre instituciones públicas, organizaciones locales como Cáritas, Fundap y Fundasistemas, y el acompañamiento sostenido a cada persona.
Ya sea a través del empleo formal o del emprendimiento propio, el objetivo de fondo es el mismo: que las personas retornadas puedan generar ingresos económicos en su país, sin que la migración vuelva a ser la única salida.
Para Edy y Ángela, el retorno dejó de ser el final de un intento migratorio fallido para convertirse en el inicio de una trayectoria laboral propia, construida sobre habilidades que ya tenían, pero que necesitaban un puente para activarse en su país.
"Aún no me lo creo", dice Edy sobre su aula llena de estudiantes de computación. Es, quizás, la frase que mejor resume lo que está en juego cuando la reintegración funciona: no solo un empleo, sino la posibilidad de volver a creer en un futuro construido en casa. Un futuro que, para él y para Ángela, ya tiene nombre propio: un título universitario, y la certeza de que el camino de vuelta también puede ser el comienzo de algo más grande.