Bioeconomía en Caquetá: el copoazú como semilla de paz y desarrollo sostenible 

Agricultura sostenible
29.01.2026
Conoce cómo el Reino Unido y Swisscontact traducen la cooperación internacional en resultados concretos: economías rurales sostenibles, equidad, inclusión y manejo y uso sostenible del bosque en el Amazonas.

En el sur del país, entre montañas húmedas y suelos que alguna vez fueron escenario del conflicto, hoy florece una economía diferente. En la vereda La Mono, en Belén de los Andaquíes, Caquetá, las familias campesinas han encontrado en el copoazú, un fruto nativo de la Amazonía, una alternativa para vivir del bosque sin destruirlo. 

Lo que comenzó como una apuesta, impulsada por comunidades locales con apoyo técnico de Swisscontact y financiado por el Programa UK PACT (Partnering for Accelerated Climate Transitions del Reino Unido a través del proyecto Frutos del Bosque, se ha convertido en un ejemplo de bioeconomía territorial: un modelo donde la naturaleza y la economía trabajan juntas para regenerar vida, ingresos y confianza.  

Este esfuerzo busca fortalecer el subsector de los ingredientes naturales en regiones clave para la conservación, como Caquetá, Putumayo y Cesar, promoviendo la producción y el aprovechamiento sostenible de frutos amazónicos como el asaí, el camu camu, el corozo y el copoazú.

Con el respaldo de aliados como la empresa alimenticia Selva Nevada, el proyecto fomenta prácticas agroforestales, promueve el desarrollo de bioproductos innovadores, impulsa la igualdad de género y la inclusión social, y promueve la transparencia, la equidad y la trazabilidad en las cadenas de valor. Así, contribuye a reducir la deforestación, restaurar ecosistemas y consolidar una economía rural competitiva y en paz con el bosque. 

Un paso hacia la conservación e innovación

Durante los años más duros de la violencia, el municipio fue escenario de enfrentamientos entre guerrillas, paramilitares y fuerza pública. Muchas familias fueron desplazadas o perdieron a sus seres queridos. Hoy, de los cerca de 12.000 habitantes de Belén, más de 8.000 han sido reconocidos como víctimas del conflicto. Sin embargo, este mismo territorio, alguna vez sinónimo de miedo, se ha convertido en un laboratorio de paz y sostenibilidad. 

Un paso hacia la conservación e innovación

Durante los años más duros de la violencia, el municipio fue escenario de enfrentamientos entre guerrillas, paramilitares y fuerza pública. Muchas familias fueron desplazadas o perdieron a sus seres queridos. Hoy, de los cerca de 12.000 habitantes de Belén, más de 8.000 han sido reconocidos como víctimas del conflicto. Sin embargo, este mismo territorio, alguna vez sinónimo de miedo, se ha convertido en un laboratorio de paz y sostenibilidad. 

A finales de los años 2000, Belén de los Andaquíes empezaba a dejar atrás las huellas del conflicto armado. Muchos productores que antes dependían de la ganadería extensiva o de economías ilícitas, comenzaron a buscar nuevas alternativas. Entre ellos estaba Ferney Vaquero, quien junto con su esposa Luz y otros vecinos decidió sembrar copoazú como símbolo de cambio. 

»Gracias a la cooperación internacional hemos podido demostrar que es posible tener una mejor calidad de vida sin depender de economías que financian la guerra. El copoazú nos mostró un camino de paz, familiar y sostenible.«
Ferney Vaquero, presidente de la asociación ACBA. 

El copoazú se ha convertido en una verdadera joya del Caquetá: un superfruto con múltiples usos y un enorme potencial económico para las comunidades amazónicas. De pulpa aromática y semillas similares al cacao, esta especie rústica se adapta fácilmente a los suelos ácidos y a las condiciones extremas de lluvia o sequía que caracterizan la región. 

Cada fruto, que puede pesar hasta kilo y medio, ofrece dos productos de alto valor: una pulpa rica en fósforo, calcio, potasio y fibra, ideal para heladería, confitería, jugos y postres, y una almendra con ácidos grasos muy apreciados en las industrias del chocolate y la cosmética. De esta última se obtiene la manteca de copoazú, un emoliente natural que hidrata la piel y favorece la regeneración celular. 

Más allá de su valor comercial, el cultivo de copoazú ha permitido restaurar suelos degradados por la ganadería, atraer nuevamente aves y fauna silvestre, y reconectar a las comunidades con su entorno, demostrando que la productividad y la conservación pueden florecer juntas en el corazón de la Amazonía. 

Los productores no siembran copoazú en monocultivos. Lo integran en sistemas agroforestales junto con cacao, caucho, plátano y especies maderables. Esta diversidad permite mayor diversidad biológica, control natural de plagas gracias a la presencia de insectos benéficos, conservación de los suelos y del bosque, fuentes de ingreso complementarias a corto, mediano y largo plazo. 

El acompañamiento de Swisscontact ha fortalecido las capacidades técnicas, la organización comunitaria y la incorporación de prácticas sostenibles de los productores de Copoazú que pertenecen a la Asociación de Copoazú de Belén de los Andaquíes. Además, se promueve el monitoreo participativo de biodiversidad mediante cámaras trampa que registran la vida silvestre que regresa a los cultivos. 

»El objetivo es demostrar que los sistemas agroforestales, donde conviven especies como copoazú, caucho, borojó y otras palmas, mantienen una alta diversidad de insectos y fauna benéfica, lo que favorece el control biológico natural de plagas y evita la dependencia de químicos. «
Robinson Poveda, asistente técnico del proyecto. 

Con el apoyo de la Universidad Nacional de Colombia, se ha trabajado en el desarrollo de un prototipo de productos derivados del copoazú, así como en el aprovechamiento de biorresiduos de cosecha, con el fin de dar un uso integral al fruto y sus subproductos. El propósito es lograr un aprovechamiento del 100% del copoazú dentro de la cadena productiva, reduciendo pérdidas y generando nuevas oportunidades económicas. 

“Quiero agradecer a Swisscontact, al Reino Unido y a todas las personas que han estado pendientes de nosotros y de este proceso. Somos pioneros en este camino y estamos comprometidos en seguir adelante”. Jorge Albeiro Duque, productor de copoazú.  

Mujeres y jóvenes: custodios del relevo generacional

En el campo caqueteño, las mujeres no solo cultivan: lideran, administran y transforman. En la planta de procesamiento, donde se convierte la fruta en pulpa, cerca del 50% del equipo son mujeres. Para ellas, participar en la asociación ha significado independencia económica y reconocimiento en sus comunidades. 

»Cuando compran copoazú no solo disfrutan un fruto delicioso, también apoyan a las mujeres rurales y a la conservación del bosque.«
Luz Denis Quebrada, secretaria de la Asociación de Productores de Copoazú. 

Los jóvenes también son protagonistas. Heidy, hija de Ferney y Luz Denis, estudia Ingeniería de Alimentos con la meta de trabajar por su territorio y aplicar sus conocimientos. Su generación ve en el campo un futuro posible. 

Queremos demostrar que no necesitamos irnos a la ciudad para encontrar oportunidades. Aquí, en la Amazonía, podemos crecer y construir bienestar desde nuestras raíces. 

Heidy Janet Vaquero, joven productora. 

La importancia del apoyo del sector privado

Empresas como Mukatri y Puramazonía han ayudado a conectar estos productos con mercados nacionales e internacionales.  

Puramazonía ha convertido al copoazú en un símbolo de innovación y sostenibilidad. Esta empresa social transforma el fruto en alimentos funcionales como kombuchas (bebida fermentada), mermeladas y snacks, mientras impulsa la reforestación y el desarrollo económico de comunidades rurales. Su modelo de negocio regenerativo no solo aprovecha el potencial nutricional del copoazú, sino que también fortalece cadenas de valor locales y promueve prácticas agroecológicas que protegen la biodiversidad amazónica. 

El trabajo con copoazú también es una estrategia de conservación. Muchos predios en Caquetá han sido ganaderos, con suelos degradados, y hoy se están restaurando con frutales amazónicos.

Diego Francisco Castro, representante legal de Puramazonía.  

En el caso de Mukatri, una empresa asociativa que ha apostado por el copoazú como motor de desarrollo rural y transformación productiva en la Amazonía colombiana. A través del trabajo directo con productores locales, esta organización impulsa la agroindustria regional elaborando productos como mermeladas, galletas y dulces a base de frutos amazónicos. Su enfoque colaborativo y sostenible no solo genera valor agregado, sino que también fortalece la economía campesina y promueve el uso responsable de la biodiversidad del territorio. 

El copoazú es un súper fruto amazónico. Consumirlo es apoyar la conservación del bosque y la construcción de economías lícitas y sostenibles. 

Gamaliel Álvarez, cofundador de Mukatri.  

El trabajo de estas dos empresas demuestra que la Amazonía puede competir en sectores como la alimentación funcional y la cosmética natural, sin perder su esencia comunitaria. 

La bioeconomía como estrategia de desarrollo

La bioeconomía es un enfoque de desarrollo que promueve el uso sostenible de los recursos biológicos para generar productos, servicios y conocimiento con valor agregado. En regiones como la Amazonía colombiana, este modelo permite transformar frutos nativos como el copoazú en alimentos funcionales, cosméticos naturales o bioinsumos, impulsando economías locales, protegiendo la biodiversidad y fortaleciendo el tejido social. Al articular saberes tradicionales con innovación tecnológica, la bioeconomía se convierte en una herramienta clave para el desarrollo rural sostenible y la conservación de los ecosistemas. 

El caso del Caquetá refleja cómo la cooperación internacional puede impulsar modelos sostenibles que trascienden proyectos. Swisscontact, que viene trabajando esta área desde hace 9 años en Colombia y Perú, continúa promoviendo alianzas que transforman: entre comunidades, empresas, academia y gobiernos locales. 

“Mi visión a futuro como socio es que la asociación pueda generar más empleos en el territorio, avanzar hacia la agroindustria y transformar la visión que se tiene de la región: que no solo sea ganadería, sino también una apuesta fuerte por los frutales amazónicos. Estos no solo generan ingresos, sino que también ayudan a conservar nuestra Amazonía”. Iván Rodolfo Vaquero Triana, socio de ACBA y productor.

Porque cuando la economía se construye desde el territorio, con igualdad de género, inclusión y respeto por la naturaleza, florece algo más que productividad: florece la paz con el bosque. 

2024 - 2027
Colombia
Agricultura sostenible
Frutos del Bosque: Transición rural justa a través de productos de bioeconomía
El proyecto se enfoca en impulsar el sector de la bioeconomía y la agrosilvicultura sostenible a fin de promover la prosperidad ecológica en los puntos críticos de deforestación en Colombia. Su objetivo es potenciar el uso de los frutos del bosque, dado que el mercado demanda productos naturales de origen responsable. Este esfuerzo procura reducir las tasas de deforestación, conservar y restaurar los ecosistemas y reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Al fomentar una transición rural justa que es competitiva, equitativa y que acata las normas contra la deforestación, el proyecto aspira a consolidar un resiliente subsector de los ingredientes naturales, garantizando la transparencia, promoviendo la equidad de género y la inclusión social, y contribuyendo a la consolidación de la paz en Colombia.